La harina

En la mayoría de las recetas que usamos día a día añadimos la harina prácticamente como uno de los ingredientes principales de la cocina, pero sabemos realmente ¿qué es la harina y como usarla correctamente en cada una de nuestras recetas? Pues la verdad que yo estoy convencida de que la mayoría de nosotros no lo sabemos, la usamos porque conocemos parte de sus propiedades, en el post de hoy os voy a contar alguna cosilla más sobre la harina para que podáis incorporar la harina adecuada al tipo de receta que tengáis entre manos.

Lo primero que tenemos que saber es que la harina es un polvo fino que se obtiene del cereal molido y de otros alimentos ricos en almidón. La harina nos proporciona estructura, volumen, además de sabor, nutrientes e incluso un poco de color a nuestros platos. Existen muchos tipos de harina, tantos como cereales, aunque en nuestra cocina la más habitual es la de trigo, es la que usamos para espesar salsas, para repostería… pero, aun así, hay muchos tipos de harina, incluso dentro de cada grupo podemos encontrar muchas variantes que se determinaran por factores de la harina, como por ejemplo la fuerza que tenga la harina nos ayudara a escoger la mejor según lo que queramos preparar.

 ¿Cómo saber la fuerza de la harina?

Hay diferentes formas de saber la fuerza que tiene la harina, en Europa se guía por la cantidad de gluten o proteínas que tenga. Estos serían los grupos en los que tendríamos las diferentes harinas.

Las harinas extra fuertes: dentro de este grupo están aquellas con un porcentaje alto de proteínas, se obtienen de cereales más duros y no están habitual usarla para las recetas habituales, el porcentaje suele estar sobre el 13%.

Las harinas fuertes: este tipo de harinas son ideales para recetas de pan, para masas de pizza, empanadas… el porcentaje de proteínas en estas harinas anda entre el 10 y 12%.

Las harinas débiles: aquí encontramos las harinas ideales para repostería, son muy suaves y para recetas que necesiten más consistencia como el pan no sirven ya que no mantienen la forma. En este caso el porcentaje de proteínas esta entre un 7 y 9%.

Las harinas más habituales

La harina más usada en la cocina diaria es la harina de trigo común que podemos encontrar en cualquier supermercado. Esta es una harina sencilla que podemos usar para cualquier receta que no necesite un tipo de harina más específica.

Harina de trigo

En segundo lugar, tenemos la harina de repostería, cada vez más supermercados disponen de este tipo de harina especial para nuestros platos más dulces. En este caso la harina que se obtiene de moler sucesivamente los granos de trigo es de gran calidad.

Harina de repostería

En tercer lugar, tenemos la harina de fuerza de la que ya os he hablado, este tipo de harina es algo más complicada de encontrar, no en todos los sitios venden harina de fuerza de buena calidad, aunque cada vez en más supermercados podemos encontrarla. Este tipo de harina es ideal para hacer recetas que requieran de masas fermentadas, como el caso de la pizza o de la empanada.

Harina de fuerza

Para continuar tenemos la harina leudante, esta harina va ya mezclada con levadura seca, es ideal para bizcocho y todo tipo de masas de repostería en las que la harina y la levadura seca son fundamentales. El único problema es que no podemos saber la cantidad de levadura que incorpora en la masa, por lo que puede ser complicado usarla ya que además la levadura puede perder efectividad con el paso del tiempo, aunque es una manera rápida de preparar una masa.

¿Cómo usar la harina?

Esta es una pregunta sencilla pero complicada a la vez, si alguien nos hace esa pregunta diremos que añadiendo la harina al recipiente en el que estemos preparando la masa y no estamos del todo incorrectos. En muchas recetas estoy segura de que habréis leído que la harina tiene que estar tamizada y posiblemente habréis pensado en más de una ocasión cual es la razón por la que hay que hacer eso con la harina.

En primer lugar, os diré que no solo se tamiza la harina, hay muchos otros ingredientes que se pueden o que, en alguna ocasión, según la receta, os dirán que tamicéis diferentes ingredientes sólidos. Pero a lo que vamos, la razón por lo que la harina es mejor tamizarla antes de añadirla a la preparación es porque al tamizarla separamos las partículas e distintos tamaños, de esta manera conseguiremos que se integre perfectamente al resto de ingredientes, obteniendo una masa sin grumos. Otra de las razones es eliminar impurezas que los ingredientes solidos puedan tener y que nos resultarían difíciles de percibir sin pasarla por el tamiz. En el caso de la harina al tamizarla también conseguimos airear la harina por lo que el resultado en caso por ejemplo de un bizcocho nos saldrá más ligero y esponjoso, en estos casos se recomienda tamizarla varias veces para aumentar la esponjosidad.

Espero que este post os haya ayudado a conocer un poco más la harina y las variantes más usadas para nuestro día a día. Como siempre os digo estaré encantada de recibir vuestros mensajes o sugerencias y en breve hablaremos sobre otro ingrediente ideal de nuestras recetas reposteras, el chocolate, os espero.

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